Anamilé: entre la honestidad, la amistad y la música como diario personal

Anamilé abre su proceso creativo y emocional en una conversación honesta sobre música, bloqueos creativos, amistades profundas y la construcción de un proyecto artístico que ha decidido mantener, por ahora, como algo profundamente personal.

Paúl Díaz

5/3/20264 min read

Para empezar, cuéntanos sobre tu nombre artístico. ¿Tiene algún origen especial?

Mucha gente cree que es un nombre artístico, pero no, es mi nombre real. Y viene de una historia bien chévere. Mi papá es salsómano, le gusta mucho la salsa, y hay una canción del Grupo Niche que se llama Ana Milé. Entonces, de ahí viene mi nombre. Les gustó la canción y decidieron ponerme ese nombre así, completo, unido, para que no haya confusión ni la gente lo cambie o lo diga de otra forma.

De chiquita a mí no me gustaba tanto mi nombre porque a veces la gente no podía pronunciarlo bien, aunque para mí era súper simple. Me decían: “¿Cómo? ¿Ana qué?”. Y eso me molestaba un poco. Incluso pensaba que cuando cumpliera dieciocho me lo iba a cambiar por uno más común.

Pero después, cuando tenía como doce años, fui a un estudio y un productor me dijo que mi nombre era súper artístico, que no necesitaba cambiarlo porque ya funcionaba tal cual. Y ahí como que cambié el chip. Ahora me encanta mi nombre, sobre todo sabiendo que viene de una canción, de la música. Siento que tiene una historia muy bonita detrás.

Paúl Díaz se reunió con Anamilé en Altares, un bar y espacio cultural que en los últimos años se ha convertido en un punto clave para la escena musical local, dando lugar a presentaciones y encuentros de varias bandas y proyectos emergentes.

En este espacio, entre música, conversación y un ambiente íntimo, se desarrolló una entrevista donde la artista reflexiona sobre su carrera, sus procesos creativos y el camino que ha construido desde lo emocional hacia lo musical.

¿Qué importancia tienen las colaboraciones en tu proyecto musical?

Para mí es un honor colaborar con gente a la que he admirado desde hace años. Muchas de las personas que están en mi proyecto las seguía desde mucho antes, y con el tiempo se dieron conexiones muy bonitas.

He podido escribirles y decirles: “¿Quieres tocar en mi proyecto?”, y eso para mí es increíble. Yo era fan de ellos antes de conocerlos, y ahora son amigos muy cercanos, como ha sido el Jordan Naranjo o Angel Mena que está más en la parte de producción.

He hecho algunas colaboraciones puntuales, pero en mis álbumes no he buscado muchas porque siento que son proyectos muy personales. Es como un diario mío.

Anamilé plantea su música como un espacio íntimo. Aunque reconoce el valor de colaborar, su trabajo discográfico se ha construido desde una necesidad de expresión personal más que desde la búsqueda de colaboración artística.

¿Te has sentido bloqueada creativamente?

Sí, totalmente. Ser artista es bastante intenso, sobre todo cuando estás estudiando, trabajando en tu proyecto, haciendo shows y creando contenido al mismo tiempo.

A veces no me doy cuenta y dejo mi proyecto un poco de lado, pero tengo personas alrededor que me empujan y me recuerdan seguir.

El bloqueo creativo siempre pasa. Después de escribir mucho, especialmente cosas muy intensas, me quedo sin energía. Pero también es mi forma de desahogarme, así que cuando no escribo, me siento mal.

La creatividad no llega sola, se trabaja. Es como un músculo que tienes que entrenar.

¿Has pensado en abandonar tu proyecto musical?

No. Nunca he querido dejarlo.

Pero sí he tenido momentos de bloqueo o cansancio. Por eso también es importante tener hobbies creativos diferentes: pintar, editar videos, aprender instrumentos.

Eso me ayuda a despejarme y volver a la música con más energía.

Su enfoque creativo no se limita únicamente a la música. La artista complementa su proceso con otras disciplinas que alimentan su trabajo artístico.

¿Tus canciones siempre son anécdotas reales?

Sí, casi todas son anécdotas reales.

Me cuesta mucho hablar de mis emociones más profundas con la gente, así que la música es mi forma de hacerlo.

A veces intento escribir historias ficticias, pero todavía no las he publicado. Hasta ahora, todo lo que he sacado viene de experiencias personales.

¿Cómo vives el hecho de que esas historias ahora son públicas?

Es raro, porque muchas veces las personas sobre las que escribo ni siquiera saben que las canciones son sobre ellas.

A veces me dicen “qué chévere la canción”, sin saber que hablan de ellos.

Pero para mí es una forma de soltar, de procesar lo que viví.

¿Cuál ha sido la canción más difícil que has escrito?

La más difícil hasta ahora ha sido Over Now. Es una canción muy personal y me costó mucho encontrar la forma de decir lo que sentía sin hacerlo demasiado directo.

Quería que fuera algo más abstracto, que pudiera aplicarse a varias experiencias y no solo a una persona.

¿Y la más fácil?

Drink and Drive. La escribí en muy poco tiempo, como en quince minutos.

En esa época tenía muchas cosas acumuladas que nunca había expresado, y simplemente salió muy natural.

Antes escribía canciones muy rápido porque tenía muchísimo por sacar.

¿Qué canción recomendarías para alguien que te escucha por primera vez?

Over Now. Creo que representa muy bien quién soy ahora.

Es una de las producciones más honestas que he hecho, tanto en sonido como en mensaje.

La conversación con Anamilé revela a una artista en construcción constante, que encuentra en la música una forma de procesar su vida emocional, sus relaciones y sus experiencias más profundas.

Su proyecto no solo se define por el sonido, sino por la honestidad con la que transforma vivencias personales en canciones que funcionan como diario, memoria y catarsis.

Escuchar su música es entrar en un universo íntimo donde cada canción tiene una historia real detrás, y donde el proceso creativo es tan importante como el resultado final.